viernes, 1 de enero de 2010

Que el Padre bendiga todos tus días

El Señor dijo a Moisés: "Habla en estos términos a Aarón y a sus hijos: Así bendecirán a los israelitas. Ustedes les dirán:
Que el Señor te bendiga y te proteja.
Que el Señor haba brillar su rostro sobre ti y te muestre su gracia.
Que el Señor te descubra su rostro y te conceda la paz. Que ellos invoquen mi nombre sobre los israelitas y yo los bendeciré".
Núm 6,22-27


Antigua bendición irlandesa:

Que la tierra se vaya haciendo camino ante tus pasos
Que el viento sople siempre a tus espaldas
Que el sol brille cálido en tu rostro
Que la lluvia caiga suavemente sobre tus campos
Y hasta tanto volvamos a encontrarnos,
Dios te guarde en la palma de sus manos.

Que este año que se inicia podamos caminar en presencia del Señor, bajo su mirada protectora, en el camino de su Voluntad salvadora.
Que bendiga todas las áreas de la vida y nos conceda la Paz y Alegría que sólo Él puede dar. Amén

jueves, 24 de diciembre de 2009

Mi poder triunfa en la debilidad (2Cor 12,9)

La Navidad es la manifestación del Amor de Dios que se inclina misericordiosamente para asumir la absoluta indigencia y debilidad de su pueblo.
En esa debilidad, y haciéndose débil, la Gracia del Señor triunfa por sobre toda resistencia humana.
Por eso alabamos al Padre Celestial, por enviarnos a su Hijo nuestro Salvador, que haciéndose débil en la fragilidad humana, nos ha abierto el Camino de la Vida, de la Verdad, de la Paz en el Espíritu.

Bendito sea el Señor, el Dios de Israel,

porque ha visitado y redimido a su Pueblo,
y nos ha dado un poderoso Salvador
en la casa de David, su servidor,
como lo había anunciado mucho tiempo antes
por boca de sus santos profetas,
para salvarnos de nuestros enemigos
y de las manos de todos los que nos odian.

Así tuvo misericordia de nuestros padres
y se acordó de su Santa Alianza,
del juramento que hizo a nuestro padre Abraham
de concedernos que,
libres de temor,
arrancados de las manos de nuestros enemigos,
lo sirvamos en santidad y justicia bajo su mirada,
durante toda nuestra vida.

Y tú, niño, serás llamado Profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor preparando sus caminos,
para hacer conocer a su Pueblo la salvación
mediante el perdón de los pecados;

Gracias a la misericordiosa ternura de nuestro Dios,
que nos traerá del cielo la visita del Sol naciente,
para iluminar a los que están en las tinieblas
y en la sombra de la muerte,
y guiar nuestros pasos por el camino de la paz.
(Lc 1,68-79)