viernes, 31 de octubre de 2014

No llores si me amas


 
 
No llores si me amas,
¡Si conocieras el don de Dios y lo que es el Cielo!
¡Si pudieras oír el cántico de los ángeles y verme en medio de ellos!
¡Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos
los horizontes, los campos y los nuevos senderos que atravieso!
¡Si por un instante pudieras contemplar como yo,
la belleza ante la cual las bellezas palidecen!
¡Cómo!...
¿Tú me has visto, me has amado en el país de las sombras
y no te resignas a verme y amarme en el país de las inmutables realidades?
Créeme.
Cuando la muerte venga a romper las ligaduras
como ha roto las que a mí me encadenaban,
cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,
y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía,
ese día volverás a verme,
sentirás que te sigo amando,
que te amé, y encontrarás mi corazón
con todas sus ternuras purificadas.
Volverás a verme en transfiguración, en éxtasis, feliz!
ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo,
que te llevaré de la mano por senderos nuevos de Luz...y de Vida...
Enjuga tu llanto y no llores si me amas!
San Agustín

jueves, 30 de octubre de 2014

Solemnidad de Todos los Santos - Fieles difuntos

Recordar las indulgencias –aplicables a los difuntos- en los próximos días.

1. A los fieles que visiten devotamente el cementerio y oren, aunque sea sólo mentalmente, por los difuntos, se les concede la indulgencia –únicamente aplicable a las almas del Purgatorio- la cual puede ser:
 
Plenaria: cada uno de los días desde el 1 al 8 de noviembre.

Parcial: los demás días del año.


2. El día de la Conmemoración de todos los fieles difuntos, con el consentimiento del ordinario del lugar, el domingo antes o después, en todas las iglesias –y también en los oratorios a quienes por derecho corresponde- puede lucrarse una indulgencia plenaria aplicable únicamente a los difuntos. La obra prescrita para ganar esta indulgencia es la devota visita de una de las iglesias u oratorios, en la que se rece el Padrenuestro, y el Credo, añadiendo la confesión sacramental, la comunión eucarística y una oración por las intenciones del Sumo Pontífice. Se puede lucrar desde el mediodía del día anterior hasta la medianoche del día señalado.
(Enchiridion indulgentiarum, normas 18, 24, 25, concesión 29 § 1, 2)


¿QUÉ SON LAS INDULGENCIAS?
Nos acercamos a la solemnidad de Todos los Santos y la celebración por todos los difuntos. y Se nos habla de la Gracia que podemos obtener por ellos a través de las Indulgencias.
 Pero… ¿qué son las indulgencias?
¡¡Que Dios es “Indulgente” con noso-tros!! Indulgente significa “Inclinado a perdonar y disimular los errores o a conceder gracias.”

El Perdón y la Reparación
Supongamos que alguna vez he hablado mal de alguien.
Aunque luego descubrí que estuve mal y me arrepentí.
Incluso me confesé y pedí perdón por el mal que hice hablando mal de esa persona.
Y Dios me perdonó, como así también ese alguien.
Sin embargo, lo que yo he dicho de ese alguien siguió su camino… y es que no puedo detener lo que he dicho, por más que se me haya perdonado el pecado. El mal siguió desparramándose y haciendo daño a través de todos los que repitieron lo que yo dije, lo que yo comencé… ¡aun después de haber sido yo perdonado! la gente siguió hablando y hablando y agregando... por más que me arrepienta, me confiese, pida perdón, etc.
Y lo más trágico es que esto sucede con cada pecado cometido por cada persona, comunidad, etc.
Las consecuencias del pecado hacen presente la condición de sufrimiento de aquel que, aun reconciliado con Dios, está todavía marcado por los “restos” del pecado, que no le permiten una total apertura a la gracia.
Por este motivo todos estamos llamados a emprender un camino de purificación hacia la plenitud del amor. Este es el sentido de la “penitencia” que el sacerdote da a cada penitente que se confiesa. No se trata de un “castigo”, sino de un camino de crecimiento en la fe, un camino de purificación, necesario para todo cristiano.
Cuando hablamos de la “culpa perdonada” nos estamos refiriendo al perdón que Dios nos regala a través del sacramento de la confesión.
Cuando hablamos de la “pena temporal”, hablamos de la necesaria reparación que necesitamos realizar en nuestro camino de conversión permanente, de purificación de los “restos” de pecado que obstaculizan la apertura a la Gracia.

Tiempo de Indulgencia, tiempo de gracia
Como explica el Catecismo de la Iglesia Católica, «la indulgencia es la remisión ante Dios de la pena temporal por los pecados, ya perdonados en cuanto a la culpa, que un fiel, dispuesto y cumpliendo determinadas condiciones, consigue por mediación de la Iglesia» (n.1471-1479).
Y es que es necesaria una purificación que libere de la pena temporal que brota de la naturaleza misma del pecado y permanece -aún ya perdonado, como se ha apuntado-.
La purificación puede realizarse en la tierra o después de la muerte, «en el estado que se llama Purgatorio». Por ejemplo, «una conversión que procede de una ferviente caridad puede llegar a la total purificación del pecador, de modo que no subsistiría ninguna pena».

Lo que repara es el Amor: Jesucristo es El Reparador ante el Padre
«Las indulgencias se obtienen por la Iglesia que, en virtud del poder de atar y desatar que le fue concedido por Cristo Jesús, interviene en favor de un cristiano y le abre el tesoro de los méritos de Cristo y de los santos, en especial la Virgen, para obtener del Padre de la misericordia la remisión de las penas temporales debidas por sus pecados. La Iglesia no quiere solamente acudir en ayuda de este cristiano, sino también impulsarlo a hacer a obras de piedad, de penitencia y de caridad».

III. Por último, los fieles impedidos por la enfermedad o por otra causa legítima y relevante, siempre con el corazón desapegado de cualquier pecado y con el propósito de cumplir las condiciones habi-tuales apenas sea posible, podrán lucrar también la indulgencia plenaria, con tal que se unan espiritualmente a las oraciones por los difuntos y ofrezcan su sufrimiento por ellos.

Cumpliendo las obras requeridas, la indulgencia plenaria se puede recibir una sola vez al día para uno mismo o para un fiel difunto. La indulgencia es parcial o plenaria según libere de la pena temporal debida por los pecados en parte o totalmente.

NOVIEMBRE

1 SÁBADO Solemnidad Blanco

TODOS LOS SANTOS

Misa: del Propio. Gloria. Lecturas propias. Credo. Prefacio propio. Bendición solemne facultativa.

Lecturas: Apocalipsis 7, 2-4.9-14

S.R. 23, 1-6

1 Juan 3, 1-3

Mateo 4, 25—5, 12

L. de las Horas: del Propio.
2as Vísperas de la solemnidad.

Misa vespertina: de la solemnidad.

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Jornada nacional de oración por la santificación del pueblo argentino y la glorificación de sus siervos de Dios.
Las Vísperas de difuntos que por la piedad de los fieles solían celebrarse después de las Vísperas del día 1 de noviembre, pueden seguir realizándose como un especial acto de piedad, juntamente con los otros ejercicios de piedad engendrados por la costumbre.

Hoy después del mediodía, y hasta mañana a medianoche, se puede ganar la indulgencia plenaria aplicable a los difuntos: ve nota al pie del día 25 de octubre.

2 DOMINGO Morado o Negro
CONMEMORACIÓN DE TODOS LOS FIELES DIFUNTOS
Misa: del Propio. Prefacio de difuntos. Bendición solemne facultativa.

Lecturas: Apocalipsis 21, 1-5a.6b-7

S.R. 26, 1.4.7.8b-9a.13-14

1 Corintios 15, 20-23

Lucas 24, 1-8

L. de las Horas: del domingo 31º durante el año. 3ª semana para el Salterio

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En lugar de estas lecturas, se puede elegir de entre las que se proponen en el Leccionario para las Misas de difuntos.

Hoy hasta medianoche, se puede ganar la indulgencia plenaria aplicable a los difuntos: ver nota al pie del día 25 de octubre.

Pueden rezarse las Laudes y Vísperas de difuntos, donde la celebración se haga en público

martes, 30 de septiembre de 2014

Sin decisión política no cesará la corrupción en Argentina

Opinión

Sin decisión política no cesará la corrupción

Por Hugo Alconada Mon  |  LA NACION

30.09.2014 | 00:00

Primer acto. El juez y el periodista conversan en el despacho del juez. La secretaria del juez entra de improviso. Le informa que llama el operador. El juez, que estaba sentado, se pone de pie nada más que para atender esa llamada. Cual sargento ante la irrupción de su general.

Segundo acto. Semanas después, el operador y el periodista coinciden en la puerta del despacho del mismo juez. El operador sale; el periodista pensaba entrar, pero opta por dialogar con el operador. El operador le anticipa que en tres meses el juez cerrará "la" causa penal.

Tercer acto. Tres meses después, en efecto, el juez sobresee a los acusados. Los fiscales no apelan. Se cierra la causa -fina ironía- el Día de los Santos Inocentes.

Esto que cuento sucedió. Me sucedió. Es apenas una muestra de un amplio abanico similar, que resulta imposible denunciar sin más pruebas que los ojos y oídos del periodista. Conozco fiscales a los que, para apretarlos, les han enviado fotos suyas con alguna amante. Jueces que han llorado delante de mí. Testigos a los que les han puesto un revólver en el pecho para que callen.

Peritos que han firmado dictámenes falsos, por apriete o por dinero.

También conozco muchos funcionarios políticos honestos. Pero, acaso por cuestiones de mi trabajo, conozco muchos de los otros. De los que a la hora de pedir coimas ya calculan cuánto de ese dinero negro deberían destinar al abogado, al fiscal y al juez si el negociado saliera a la luz y afrontaran una investigación penal. Que más que investigación será, por tanto, una parodia.

Hay muchos jueces y fiscales probos y dignos. Pero también hay de los otros, de los que hasta mandan señales de complicidad a los acusados mediante el color de las corbatas que usan. O por la mano en que llevan el teléfono celular. O un prendedor en la solapa del saco. Todas señales preestablecidas por el enlace en las sombras para que el acusado al que le han pedido "que se ponga" sepa que el requirente no vende humo, sino que es, efectivamente, un emisario de Su Señoría.

Y así, mientras la Justicia es una dama vendada e inflexible para los ladrones de gallinas, se hinca ante los grandes tiburones. Sean funcionarios, empresarios o sindicalistas. O lo que fuere. Porque lo que importa es la billetera, rebosante, para comprar (o alquilar) voluntades.

Así las cosas, ¿no hay nada que hacer? ¿Bajamos la persiana y sálvese quien pueda o tenga los billetes? ¿Es acaso tan difícil revertir o corregir este panorama?

Por lo pronto, hay quienes incluso consideran necesario impulsar una Conadep de la corrupción post-2015. Hay varios grupos trabajando en esa línea desde hace meses. El desafío para quienes adscriben a esa idea es determinar si quienes vendrán después serán distintos, mejores que los que están, o si sólo utilizarán esa Conadep para lo que en verdad sería una cacería de brujas con fines partidarios.

Por mi parte, prefiero pensar en los actuales (y futuros) funcionarios como personas que sólo refrendan con sus acciones un aforismo. Ese que dice que "el poder tiende a corromper y el poder absoluto corrompe absolutamente". Si es así, entonces el camino quizá pase por restablecer los contrapesos, filtros y controles que fiscalizan al poder.

Hay instituciones que hoy son apenas una sombra de lo que fueron o de lo que pueden y deben ser. Entre otras, la Oficina Anticorrupción, la Fiscalía de Investigaciones Administrativas, la Sindicatura General, la Auditoría General, el Consejo de la Magistratura. Y no es necesario impulsar reformas legislativas. Basta con inyectarles a esos organismos personal y presupuesto, y refrendarlo luego con el ingrediente clave: decisión política.

Esa decisión, bien explicitada, daría una clara señal hacia adelante. ¿Cuál? Que la corporación político-empresaria (que excede a este gobierno) no degollará al juez, fiscal o funcionario de esos organismos de control que ose investigarlos. Porque durante los últimos 20 años sobraron las muestras en contrario.

La duda es obvia. ¿Querrán eso quienes asumirán en 2015? ¿O el próximo presidente preferirá beneficiarse del statu quo que pasará a acatar sus designios discrecionales -contra quien sea- en cuanto agarre el bastón de mando?

Porque el riesgo de impulsar la senda institucional, fortalecer los órganos de control y potenciar a jueces y fiscales es evidente. El próximo gobierno perdería la facultad de hacer y deshacer lo que le plazca, sin pruritos por ese estorbo llamado "ley" o "Constitución nacional". Seguir esa senda implicaría abrir una verdadera caja de Pandora: un Poder Judicial, al fin, independiente.

¿Por qué una caja de Pandora? Por que existiría la posibilidad, por ejemplo, de reabrir expedientes penales cerrados tras investigaciones que fueron una farsa. A eso apuntaCosa juzgada fraudulenta, el libro que acaban de publicar dos penalistas, Federico Morgenstern y Guillermo Orce.

"La sociedad verá los tribunales como sesgados, deshonestos y parciales si percibe que los juicios farsescos son inalterables, si se respeta la firmeza de las absoluciones obtenidas tras un procedimiento espurio y si, por la inacción deliberada de un funcionario judicial, no se logra condenar a quien se sabe que cometió un delito", argumenta uno de los autores para fundamentar que la Justicia logre al fin que ciertos sobreseimientos "truchos" sean revisados.

Morgenstern recurre al lenguaje futbolero para explicarlo: "Si la cancha está inclinada, el triunfo no es digno, pero si existió una simulación en la que el proceso judicial fue orientado al otorgamiento de un bill de indemnidad contrario a los principios del sistema republicano, entonces ni siquiera hubo un partido".

El libro promete levantar polvareda porque se mete con una de las vacas sagradas del derecho penal: ¿es posible relativizar el sacrosanto principio del non bis in idem (no se puede juzgar dos veces por el mismo hecho), aun en investigaciones sospechadas de terminar en sobreseimientos debido a corrupción del juez o los aprietes del poder?

Eso es, sin vueltas, lo que ocurrió en varios expedientes que se cerraron durante las últimas décadas. Causas en las que ni siquiera llegó a jugarse el partido de la investigación, ni el de los controles previos ni posteriores, debido a la corrupción desenfrenada de funcionarios y empresarios.

Insisto: ¿estarán dispuestos quienes lleguen en 2015 a fortalecer las instituciones, los órganos de control y el Poder Judicial, lo que implicaría una verdadera (y muy concreta) política de Estado? ¿O se limitarán a repetir frases tan marketineras como vacías durante la campaña?

Como dijo el papa Francisco en una homilía reciente, hay que esperar contra toda esperanza. Pero dependerá de la sociedad. Porque el que no llora, no mama. Y si los ciudadanos no les exigimos a los candidatos terminar con la impunidad, ellos van a preferir seguir como hasta ahora, con la comodidad del statu quo. O, como máximo, les alcanzará con aplicar una dosis homeopática de gatopardismo.

Así, pues, de las respuestas que como sociedad demos a esas preguntas dependerá que post-2015 haya un cuarto acto en la farsesca no-investigación que enjuagaron aquel juez y aquel operador. Y para muchas, muchísimas otras no-investigaciones más..