jueves, 21 de febrero de 2013

Psicopatía y liberación



Como se han dado muchas situaciones frustrantes, en las que, con muchísimo sufrimiento, y tras largo tiempo -a veces muchos años- esperando un cambio en la persona, éste no ha llegado.  Ignorando por completo que en dichas situaciones, además de la opresión del maligno hay un trastorno psicológico, hay una historia detrás, un "clima" de ataduras familiares, y, sobre todo, una voluntad que no está dispuesta a la conversión, es que quiero compartir con ustedes este escrito. El mismo, va a formar parte próximamente de un CD de charlas dedicada al tema.  Es sólo un esbozo, pero que ciertamente a muchos va a abrir los ojos y será necesario que, al descubrir semejanzas con lo que aquí se dice, se acuda a un profesional para confirmar o desestimar el trastorno psicopático.
Esta realidad, en la práctica pastoral, se ha dado en muchas personas, y, sobre todo, la han padecido -y la padecen- muchas mujeres que, sufriendo todo tipo de violencia familiar, e ilusionadas con las promesas de cambio de su marido y por miedo a quedarse solas, no la asumen en toda su dimensión.  Por otro lado, no es posible descubrirla sin tener un conocimiento de la psicopatología, que será crucial, y junto al discernimiento va a orientar fundamentalmente el camino a seguir. 
Un abrazo, p. Luis Bruno

Ayudando al discernimiento: ¿cómo reconocer a un Psicópata?
Dentro de la complejidad del ministerio de liberación, encontramos un aspecto que desconcierta y desanima –cuando no desespera- al sujeto y a su entorno afectivo: el largo camino para la liberación. 
Un aspecto para tener en cuenta en este sentido es la personalidad del sujeto, y, en el caso que se descubra un trastorno psicopático, la situación cambia rotundamente por las características mismas de este trastorno. En efecto, tanto la terapia psicológica como la liberación total no son posibles para quien no muestra conciencia de enfermedad, deseo y actitud de cambio, y búsqueda voluntaria de ayuda. 
En este sentido, tanto la ciencia psicológica como la fe coinciden totalmente: no puede ser sanado, ni menos liberado, ni hay posibilidad de terapia alguna para quien no manifieste libremente que tiene dicha necesidad. Por ejemplo, no recibe el perdón quien no está arrepentido, y por lo tanto no cambiará su conducta por este mismo motivo, como tampoco puede liberarse del alcoholismo quien no admite esta realidad en su vida, etc. 
Antes de comenzar una oración de liberación es necesario poder dialogar, si es posible, no sólo con la persona en cuestión sino con algún familiar o alguien de su entorno que pueda dar cuenta de los rasgos más importantes de su vida y aportar la mayor cantidad de datos pertinentes posibles.  Si la persona es casada, es indispensable el diálogo con el cónyuge o su pareja.  Esto es muy importante, porque, como veremos, el psicópata miente, engaña, tiene como una doble personalidad: se muestra simpático públicamente, pero en su entorno familiar es radicalmente distinto: violento, manipulador, aprovechador, etc.
Lo ideal es que, al realizar una oración de discernimiento y luego de comprobarse la presencia negativa, la persona comience un proceso de cambio, un compromiso por su bien y el de los demás, un proceso de fe y conversión profunda en el que lo principal es buscar la Voluntad de Dios para su vida. 
Siempre, un proceso de liberación forma parte de un proceso más amplio de sanación interior, y éste, a su vez, entra dentro del proyecto amoroso de Dios que quiere manifestar su misericordia y reinar en la vida de todos. 
De manera que lo más importante que debe buscarse es la Voluntad del Señor: en ese contexto, en ese entorno, en la vida de esa persona. De nada nos serviría ser liberados del maligno si no nos entregamos de lleno al Señor. 
Así como consideramos a la salud no sólo como la ausencia de enfermedad biológica, sino como la mayor calidad de vida posible en todas sus áreas: biológica, psicológica, social y espiritual; de la misma manera buscamos en el proceso de liberación no solamente la ausencia de las influencias malignas, sino la mayor calidad de vida posible, la búsqueda profunda del proyecto de amor que el Señor tiene para nosotros. Si no comprendemos esto, será muy difícil realizar un auténtico proceso de sanación interior y de liberación. Porque además, este proceso nos involucra a todos. Todos estamos llamados a la vida digna, a la santidad, y Dios se comprometió en Jesús con nosotros para esto que nos pide y desea: nuestra paz, libertad y dignidad.
Este proceso constituye un camino personal y comunitario a la vez, que dependerá de la historia: de las causas de la infiltración del maligno, de las heridas subyacentes, de las condiciones de vida, incluso de los antepasados, etc.  En este camino la persona necesitará la ayuda fraterna en la fe.  Pero la condición necesaria para que reciba esa ayuda es que ponga todo su esfuerzo de su parte para ser liberado. Es un verdadero camino de ascesis.  Muchas veces la ausencia de este compromiso es lo que dificulta o imposibilita la liberación.  Otras veces la dificultad radica en la falta de compromiso del entorno del afectado, con lo cual se retarda la liberación.  Otras veces ese mismo sufrimiento lleva misteriosamente a un camino de santidad.
Tengo presente una persona que, después de mucho tiempo, de noches de esfuerzos increíbles, después de mucha oración, la ansiada liberación no llegó… y lo que es peor, aquel a quien estaba dirigida la oración, no mostraba signos de cambio en su conducta, ni esfuerzo, ni deseo de cambio.  Era obvio que seguir orando por liberación en esa situación sólo conllevaba una pérdida de tiempo. 
Con todo, la persona sí buscaba constantemente agua bendita, tanto para consumir como para ungirse, acudía a misa, comulgaba… aunque a ciencia cierta no se sabe si lo hacía por propia voluntad o llevado por los suyos. 
Con respecto a su vida cotidiana ésta se manifestaba desordenada, incapaz de planificar, sus actitudes denotaban irresponsabilidad. Casado, padre de tres hijas, con una sólida formación cristiana, educado en colegio católico, habiendo participado en retiros, y sobre todo habiendo experimentado el amor de Dios, su misericordia, como así también el poder del Señor para liberarlo, no tomaba en serio consideración su compromiso familiar: no trabajaba, no buscaba trabajo, y siempre los demás eran los culpables de tal situación.
Al mismo tiempo, con el entorno fuera de su familia siempre se mostraba simpático, era el típico “amigo de todos”, y siempre cabía un chistecito y una risotada con la que evadía un tema serio o una responsabilidad, o incluso la consabida justificación, como para que todo sea tomado con superficialidad y “seguir adelante” como si nada.  Siempre encontraba una excusa para justificar sus irresponsabilidades, siempre resultaba víctima de algo o de alguien, con quejas y lamentos estruendosos.
Un dato curioso: nunca dejó de jugar a la quiniela, ya que, consideraba “justo” que un hombre como él no tuviera que trabajar. Él se consideraba alguien especial, de tal manera que otros tenían que sostenerlo económicamente: primero su madre, luego su esposa, y luego de la separación, otra vez su madre, quien consintió absolutamente con esa conducta antes, durante y después de su matrimonio, y la afirmó aún más.  De manera que siempre esperó ese “golpe de suerte” fantástico con el que aseguraría toda su vida… y lo hacía malgastando el poco dinero que obtenía su esposa para sostener a la familia.  Destacamos que un factor muy importante para sostener esa conducta tan impropia fue el papel que tuvo su madre, consintiendo en todo, justificándolo, y afirmándolo en su grave accionar.
En los momentos de mayores crisis: muerte de su padre, peligro de muerte de su hija al nacer, salvada por milagro del Señor, jamás mostró una sensibilidad distinta, ni se alteró su sueño. Y otras circunstancias insignificantes lo alteraban con mayor rigor: haberle errado a la quiniela “por un número”, escandalizarse por actitudes de los demás, enojos que llevan hasta la ira ante un mínimo pedido o una observación, etc. Pero autocrítica, ninguna en absoluto.
Quienes no conocían las detalles de su personalidad –ocultadas por vergüenza por su esposa- siempre creyeron estar ante un buen tipo, alegre, simpático, presentado como padre ejemplar… y que constituía con su esposa una pareja ideal, de tal manera que construyó una imagen social absolutamente distinta de la que es en realidad: un psicópata, perverso.
Pero, ¿cómo es un psicópata? ¿cuándo podemos decir que alguien posee este trastorno?
Antes que nada, la ciencia médica nos ofrece criterios para poder evaluar si se trata o no de determinado trastorno o patología.  De manera que se pueda decir si los rasgos presentados ofrecen un grado de certeza lo suficientemente elevado como para que efectivamente se trate de un trastorno o incluso varios.  A estos criterios se los denomina “criterios diagnósticos”. 
Con respecto a la salud mental, hay básicamente a nivel mundial dos sistemas de clasificación de las patologías mentales: Uno, conocido como el DSM-IV por sus siglas en inglés: Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders o sea Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, en su cuarta versión, emanado de la Asociación Americana de Psiquiatría.  Por su parte, la Organización Mundial de la Salud recomienda el uso del Sistema Internacional denominado CIE-10 acrónimo de la Clasificación Internacional de Enfermedades, décima versión, cuyo uso está generalizado en todo el mundo.
Una concepción errónea muy frecuente es pensar que la clasificación de los trastornos mentales clasifica a las personas; lo que realmente hace es clasificar los trastornos de las personas que los padecen.
Pues bien, ¿qué nos dicen estos sistemas con respecto a la psicopatía? El nombre varía, llamándose en un sistema Trastorno disocial de la personalidad, y en el otro Trastorno antisocial de la personalidad:
La Décima Clasificación de Enfermedades de la Organización Mundial de la Salud (CIE-10, 1992) define el Trastorno disocial de la personalidad según los siguientes criterios:
1.       Cruel despreocupación por los sentimientos de los demás y falta de capacidad de empatía.
2.       Actitud marcada y persistente de irresponsabilidad y despreocupación por las normas, reglas y obligaciones sociales.
3.       Incapacidad para mantener relaciones personales duraderas.
4.       Muy baja tolerancia a la frustración o bajo umbral para descargas de agresividad, dando lugar incluso a un comportamiento violento.
5.       Incapacidad para sentir culpa y para aprender de la experiencia, en particular del castigo.
6.       Marcada predisposición a culpar a los demás o a ofrecer racionalizaciones verosímiles del comportamiento conflictivo
7.       Irritabilidad persistente.
Por su parte, el Cuarto Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales de la Asociación Psiquiátrica Americana (DSM-IV, 1994) utiliza los siguientes criterios para el Trastorno antisocial de la personalidad:
Criterios para el diagnóstico de F60.2 Trastorno antisocial de la personalidad [301.7]
A. Un patrón general de desprecio y violación de los derechos de los demás que se presenta desde la edad de 15 años, como lo indican tres (o más) de los siguientes ítems:
(1) fracaso para adaptarse a las normas sociales en lo que respecta al comportamiento legal, como lo indica el perpetrar repetidamente actos que son motivo de detención;
(2) deshonestidad, indicada por mentir repetidamente, utilizar un alias, estafar a otros para obtener un beneficio personal o por placer.
(3) impulsividad o incapacidad para planificar el futuro.
(4) irritabilidad y agresividad, indicados por peleas físicas repetidas o agresiones.
(5) despreocupación imprudente por su seguridad o la de los demás.
(6) irresponsabilidad persistente, indicada por la incapacidad de mantener un trabajo con constancia o de hacerse cargo de obligaciones económicas.
(7) falta de remordimientos, como lo indica la indiferencia o la justificación del haber dañado, maltratado o robado a otros.

B. El sujeto tiene al menos 18 años.
C. Existen pruebas de un trastorno disocial que comienza antes de la edad de 15 años.
D. El comportamiento antisocial no aparece exclusivamente en el transcurso de una esquizofrenia o un episodio maníaco.
Es importante destacar que, aunque haya varios criterios, no necesariamente deben estar presente la totalidad de ellos para configurar el cuadro psicopático. En efecto, de los siete mencionados, dice el DSM-IV que bastan al menos tres de ellos. 
Ahora bien, estos criterios diagnósticos no nos servirían de mucho si no estuviesen acompañados de una descripción general de los mismos, esto es, del trastorno en su globalidad.  Aquí es muy importante el aporte de las personas del entorno –que a la vez son las que más sufren y a la vez son funcionales al mantenimiento del trastorno-, dado que son las que más conocen al sujeto con dicho trastorno.  Por lo tanto, el próximo paso es hacer una descripción general del trastorno. Esto nos ayudará a identificar claramente al psicópata al confrontar esta descripción con la vida real del sujeto en cuestión.
El trastorno antisocial de la personalidad, también llamado psicopatía, sociopatía o trastorno disocial de la personalidad tiene como característica principal el desprecio y violación de los derechos de los demás.
Las personas con este trastorno se caracterizan por despreciar los deseos, derechos y sentimientos de los demás, muestran pocos remordimientos, carecen de empatía, son insensibles. Por otro lado, pueden y suelen poseer cierto encanto artificial. Trastorno antisocial no es sinónimo de comportamiento delictivo aunque, por supuesto, no se puede negar la existencia de relación entre ambos términos. La psicopatía supone un claro e importante factor de riesgo para la reincidencia en general y para la violencia en particular.
Se hace imprescindible una identificación lo más clara y concisa posible sobre el trastorno de la psicopatía. Para ello, se evalúa mediante distintos sistemas clasificatorios (o sea, lo que hemos visto anteriormente en el DSM IV, CIE 10). 
El psicópata no está trastornado mentalmente. Frente a ello no cabe lugar a dudas de que estamos hablando de una persona “normal”, en el sentido de que no tiene una pérdida de la percepción de la realidad y es plenamente consciente de sus acciones.  Por lo tanto, es un sujeto a quien la ley puede y debe penar.  Es una persona que sabe lo que hace, que hace daño y quiere hacerlo, piensa y programa, manipula y usa todo tipo de estrategias para lograr sus fines.
La personalidad psicopática ha sido estudiada a lo largo de la historia de la psiquiatría, recibiendo varias denominaciones tales como locura moral, inferioridad psicopática, sociopatía, personalidad amoral, asocial, antisocial o disocial.  
Los psicópatas se caracterizan básicamente por su desprecio hacia las normas establecidas por la sociedad.  Carente de principios morales, sólo valoran a las demás personas en la medida en que puedan serles de alguna utilidad práctica, de modo que no tienen reparo alguno en atropellar los derechos ajenos cuando éstos representan un obstáculo para el logro de sus propósitos.
En el historial del psicópata abundan actos delicuenciales, como robos, agresiones, chantajes, estafas, violaciones y hasta crímenes.
Su falta de sentimientos de culpa o remordimientos se traduce en todo tipo de justificaciones para sus actos, de modo que el psicópata se muestra a sí mismo como incomprendido o víctima de la sociedad o de alguien en particular, guiándose siempre por sus propias reglas y no admitiendo nunca el menor remordimiento o vergüenza por sus atropellos. Y esa falta de culpa la transforman, al victimizarse, en culpa introyectada en los demás: siempre el otro es culpable de lo que a él le pasa.
Impulsivos por naturaleza, no miden el peligro ni las consecuencias de sus acciones, incurriendo repetidamente en actos riesgosos para sí mismos y para los demás, como conducir imprudentemente un vehículo, consumir sustancias adictivas o participar en actos delictivos, jugar -y perder- el dinero para el sustento de su familia, etc. 
Incapaces de tolerar las frustraciones, pueden ser muy violentos si no consiguen lo que se proponen por medios pacíficos.
Propensos al aburrimiento, buscan continuamente las emociones intensas y se consideran a sí mismos como personas de acción, intrépidos o temerarios (aunque no trabajen ni hagan nada útil por los demás ni por sí mismos).
Sus relaciones interpersonales son frías y superficiales. Se interesan sólo por sí mismos, suelen ver a los demás como objetos intercambiables y son incapaces de sentir afecto por otras personas, aunque pueden aparentar lo contrario si lo consideran necesario.  Su afecto es fingido, por este motivo siempre confunde a sus allegados con la alternancia de manifestaciones profundas de afecto (fingidas) alternadas con graves hechos de irritabilidad, agresividad, violencia física y/o psicológica, para luego pedir perdón y minimizar tales hechos, justificarlos o considerarlos como bromas.
Son manipuladores, utilizan a los demás para el logro de sus objetivos y no dudan en aprovechar las debilidades ajenas, que suelen descubrir rápidamente. Tienen la sensibilidad de captar las debilidades y las necesidades narcisísticas de los demás, y a la vez, la capacidad de convencerlos de que sólo ellos pueden satisfacer tales necesidades (aparentan ser protectores, cuando en realidad están manipulando).
Generalmente su entorno (pareja, hijos, madre o padre…) siente la vergüenza y la culpa que el psicópata no tiene.  Por esto, justamente quienes viven con él ocultan estos aspectos de su vida y le son funcionales a sus demandas psicópatas: gritos, agresiones, manipulaciones, deudas, sostenimiento económico y afectivo, compasión generada por la culpa, etc.
Son también sumamente deshonestos, mienten con frecuencia y con gran facilidad, y aunque pueden generar simpatía en algunas personas por su aparente independencia y temeridad, no son capaces de mantener relaciones sentimentales profundas duraderas, siendo por lo general infieles y promiscuos sexualmente.
Su conducta está disociada: saben captar instrumentalmente la atención benévola de los demás mostrándose alegres, simpáticos, dicharacheros, pero son incapaces de amar, de brindarse desinteresadamente, de tratar a los demás como personas. Quienes no lo conocen suelen llevarse una impresión agradable, sin siquiera sospechar el mundo de sus relaciones cotidianas. 
Sabe camuflar muy bien su falta de culpa y arrepentimiento, a través de la mentira y la manipulación. Es capaz de representar una escena en la que aparentemente manifiesta arrepentimiento o pedido de perdón, pero simplemente es eso: una representación en la que está manipulando al otro o a los otros, a quienes considera solamente objetos para satisfacer sus intereses.
Este trastorno suele iniciarse tempranamente, en la adolescencia o aun en la infancia, con mala conducta escolar, maltrato de animales o niños pequeños, agresividad, violencia, mentiras frecuentes y delitos menores como robos o daños a la propiedad ajena.  

Como no es el objetivo aquí de ahondar teóricamente en este tema, sino por el contrario, ayudar al discernimiento, creo que se presentan suficientes aspectos tendientes a iluminar las situaciones particulares.
Que el Señor los bendiga, y son siempre bienvenidos los comentarios.
P. Luis

8 comentarios:

  1. En el caso de un enfermo real: el individuo está enfermo.
    En el caso de enfermedad diabólica: el individuo está sometido a una presencia satánica que le infiere un status de enfermedad, la cual cesa cuando la mala presencia es disuelta por Jesucristo Nuestro Señor en el fuego del infierno.
    El mismo individuo puede observar la notable diferencia entre estar enfermo y padecer un estado de enfermedad creado por un espíritu maligno.
    Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo nos proteja de la enfermedad diabólica.

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  2. Estimado Víctor Adolfo: con respecto a tus preguntas, la que haces respecto a los sacramentales, las bendiciones debe hacerlas un sacerdote, es decir, un ministro ordenado, que ejerce el ministerio sacerdotal.
    Con respecto a tu comentario sobre psicopatologías, sale a la luz un aspecto bastante común: las disquisiciones que haces son puramente teóricas... ojalá en la práctica estuvieran tan claramente divididas eso que llamas "enfermo real" (como si el oprimido no tuviera una enfermedad 'real'), y "enfermedad diabólica". Es totalmente equivocada esa apreciación. Y es más, podría decirte exactamente lo contrario: "el mismo individuo, con frecuencia, NO puede obervar la DIFUSA diferencia entre estar enfermo y padecer un estado de enfermedad creado por un espíritu maligno, para lo que se necesita la luz del discernimiento, y que en general sólo sale a la luz al orar y no antes."
    Sería muy ingenuo pensar que existen solamente dos alternativas: o una cosa o la otra. No es así, esto es un grave error. Los casos más complicados revelan la coexistencia de distintos tipos de perturbaciones: enfermedades físicas, psicológicas, opresión preternatural; perturbaciones en sus relaciones fundamentales, como ser: en la economía, en el trabajo, dificultades insalvables en las relaciones con los demás (aislamiento, ira, etc.) Y esto tiene que ver con la Salud integral.
    Habría que ver a qué llamas "enfermedad real" (o mejor dicho, tendrías que revisar cuál es el concepto de SALUD que subyace a tu pensamiento. Aparentemente así como está dicho consideras "enfermedad real" a una enfermedad de tipo biológica que puede sanarse con algún medicamento. El concepto de salud que subyace a esta idea es que está sano quien no padece ese tipo de enfermedad biológica... lo cual es inaceptable hoy día).
    De todas maneras, muchas gracias por tu comentario, que nos permite ahondar en estas cuestiones.
    P. Luis

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  3. Estimado P.Luis: este es justo el tema que necesitaba encontrar, y doy gracias a Dios por ello.
    Me encuentro en una situación personal muy difícil, por no decir extrema. Mi marido se fue de casa hace cuatro meses y está viviendo con otra mujer. Me ha dejado en una muy mala situación laboral y sin recursos. He de decir que somos católicos practicantes.
    Bien. Desde el primer momento insiste en que va a pedir la nulidad eclesiástica de nuestro matrimonio, supuestamente por su inmadurez psicológica.
    A mí me da vértigo pensar en esto y, en cualquier caso, no creo que exista causa de nulidad por este motivo.
    Mi problema es que, conforme pasa el tiempo, y una vez comprobado que le "pasa algo raro" que todos identificamos con algún trastorno psiquiátrico por cómo se está desarrollando todo, yo estoy casi convencida de que la verdadera razón de su comportamiento es una psicopatía. Es como usted describe.
    Y entonces, mi gran conflicto, que pido que me ayude a resolver: soy católica, estoy casada, si hay una psicopatía hay causa de nulidad sin duda... pero, ¿alguien con este trastorno puede liberarse y dejar de ser así alguna vez? ¿Es posible el milagro?
    Él me dice que está buscando a Dios (extraña manera de buscarlo, desde luego), y creo que va a consulta con la única intención de lograr obtener una nulidad de alguna manera, pero él seguro que no cree que necesite ayuda.

    Gracias
    María

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  4. Estimada María, es por esto que decidí publicar este tema.
    Si de verdad este hombre padece psicopatía, entonces tenga en cuenta algunas de las características mencionadas: no dicen la verdad, se justifican, engañan, manipulan, son capaces de hacer cualquier cosa con tal de lograr lo que pretenden... Pero es muy difícil el cambio porque no ven que necesitan cambiar, no quieren cambiar, están "bien" así como están... (según su manera de pensar). Justamente aquí radica el problema de tantas parejas, que confían y esperan un cambio que nunca llegará, y mientras tanto, el otro ni siquiera tiene el mínimo remordimiento ni deseo de cambiar.
    Hay otro aspecto importante: a veces muchas mujeres se toman como una responsabilidad personal el cambio de su esposo. Creen que de ellas depende que cambie, y asumen una actitud "casi-redentora" (Sólo Jesús es el único Redentor). Esto es un error que les hace mucho daño, porque además se culpan de que su marido esté así, lo cual es usado por el psicópata manipulador. Así sobreviene una gran frustración muy difícil de sobrellevar.
    Su gran conflicto debe dejarlo en manos de Jesús: no depende de usted -católica, casada- que su marido cambie, USTED NO VA A CAMBIAR A SU MARIDO, ÉL OPTA Y ELIGE LO QUE QUIERE SER, y eso lo demuestra con sus opciones reales de vida, no con lo que promete, ni con lo que dice.
    Claro que usted puede orar por él, pero no esperando ver un resultado inmediato, ni siquiera un resultado... y el Señor siempre escucha la oración. Por caminos sólo por Él conocidos la Gracia lo alcanzará gracias a su oración.
    Otro problema ligado a la actitud "casi-redentora", es la "negación". Esto es, la incapacidad de aceptar la realidad tal como se presenta. La dificultad de aceptar que las cosas son así, y no como me gustaría que sean y que no depende de mí que cambien... Pídale luz al Señor para discernir la realidad, aceptarla y vivir en paz.
    No obstante -una obviedad que conviene recordar- un profesional en la salud mental es a quien le compete hacer un verdadero diagnóstico, teniendo en cuenta todo lo que usted vive.
    Que el Señor la bendiga, la fortalezca, y la libere a usted de toda angustia, y de todo aquello que no está dentro de su proyecto de Amor por usted. P. Luis

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  5. Muchas gracias. Ha sido de gran ayuda.

    Bendiciones.

    María

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    1. Estimada María, estaremos unidos en la oración. Le pido al Señor que le conceda la gracia necesaria y mucho más, según la medida del Corazón de Cristo. Estoy a su disposición por otras preguntas y si desea, mejor hacerlo por correo electrónico. Mi correo es pluisbruno@gmail.com
      Publico un texto sobre la oración, que seguramente también le dará fortaleza. Que María, Madre y Consuelo de los afligidos, intervenga en todas las áreas de su vida.

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  6. Estimado Padre Luis Bruno: Su articulo explica muy bien , con pequeñas diferencias, lo que fue mi matrimonio. Mi exmarido cuadra muy bien con el perfil de sicopata que usted describe, con la diferencia que no hubo golpizas fisicas porque yo siempre cedi a sus manipulaciones. Talvez fue mas facil para el hacerlo puesto que yo me fui de mi pais para casarme con el, y lejos de mi familia y. amigos, y confiando en el, fue facil para el convencerme de su realidad, someterme y manipulsrme. no digo que yo no tuviera mis asuntos sicologicos. veo ahora que el aprovecho mi pobre autoestima despues de muchos fracasos amorosos pars venderme la idea de una ilusion con palabras y promesas, por las cuales deje todo lomque yo tenia en aras de una felixidad al lado de mi amado, pero lo unico que logre fue ser su esclava voluntariamente. Una cosa buena que se derivomde mi experiencia fue una conversion espontanea a la fe catolica. Dios, Jesus, la Virgen y los santosmse convirtieron en mi fuente de consuelo e interes absoluto. Los sacerdotes y presentadors del csnal EWTN mi compañia e inspiracion y la oracion mi fortaleza. Yo no era conciente o talvez como usted dice, me negaba a ver y aceptar la realidad tal cual era y asi pasaron 4 años de ser yo quien sostenia el hogar, hacia todo en casa sin su ayuda o consideracion, aun embarazada, el gastaba el dinero que yo llevaba a casa en sus vicios (marihuana y cigarrillos de los caros, los cuales compartia con sus amigos para comprar su compañia) y finalmente despues que nace nuestra hija muestra una actitud insensible ante lo que yo necesite, me maltrata verbalmente cuando no le doy gusto y hace berrinches publicos cuando nomconsigue lo que quiere de mi, sin importar mi herida de la cesarea o el hecho de haber parido hace dos dias... puedo decir que despues de esto lo seguro era que vendrian losmgolpes, pero Dios en su infinita misericordia, me puso a mi hermana en el camino, ella fue a atenderme por mi parto, y al ver lo que ocurria me fue ayudando a despertar, y finalmente decidi hacer lo mas saludable para mi y mi hijita: me fui a mi pais aunque tuve que engañarlo. Hoy en dia estoy en un proceso de sanancion interior y quisiera preguntarle si a parte de huir de el tenia yo otra opcion? Cual habria sido mi deber como cristiana en aras de salvar mi matrimonio? O es que con un marido sicopata lo que yo hice era lo unico que podia hacer? No me arrepiento, pero en realidad quiero actuar segun la Voluntad Divina y le pido su opinio , ya que conoce de cerca estos casos. Vale decir que no nos casamos por la iglesia y que el decia tener otra religion (hara khrshna) la cual en realidad nunca practico, sino que heredo de sus padres. Gracias por su atencion y apreciare su opinion.

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  7. Estimada Hna en Cristo Jesús, quedese en paz, Dios quiere su bien, la ama, y lo que decidió esta bien, bendiciones. Es separación era necesaria, porque esa relación no era un verdadero matrimonio, por lo tanto no tenia sentido seguir sosteniendo algo así. Seguiremos en contacto si usted lo desea. P Luis

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